lunes, 16 de febrero de 2009

MURIERON LOS SOÑADORES


Ana, ¿qué pasa?, ¿ya ni siquiera tú te reconoces?
Mírate, no seas cobarde, eres tú la del espejo. ¿No te gusta lo que ves?

Qué ojeras,... con lo guapa que era de pequeña. Cómo me cuidaban y acicalaban esas personas que ahora he perdido. Me ponían tan guapita para ir aunque fuera a comprar al mercado. Era un princesita, con esos vestiditos tan pomposos y cursis que odiaba, pero me encantaba que me los pusieran y ser la envidia del barrio.
Y esos zapatitos de charol... ¡pero si te podías ver reflejada en ellos!
Aun puedo sentir a mi madre detrás, peinándome. Los susurros de mi yaya para que no tuviera miedo a la oscuridad, o las carreras de bicis con mi padre los domingos y como no, el siempre tierno abrazo de mi yayo a la salida del colegio.
No sé cúando perdí la felicidad.

Llueve, enormes y pequeñas gotas que no cesan de caer, caer, caer,...
Corred, escapad pequeños seres que deambuláis por las calles de esta ciudad. Mi ciudad.
Tú ciudad, Ana.
El cielo,... me encanta disfrutar de ese cielo plomizo, que pesa sobre nosotros, que tanto nos molesta cuando estamos de viaje, en la playa o de excursión con los amigos,... pero que a tantos otros ayuda cuando tienen que enriquecerse las tierras, los cultivos,... entonces, ¿es bueno o malo?...
Me gusta, sí, me gusta. Ir por la calle y que el agua me sorprenda, mojarme, olvidar, correr, saltar, bailar sobre los charcos, olvidarme de que se me manchan los pantalones, las medias,... jejeje, vuelvo a ser libre, feliz,... ¡como cuando era pequeña!, ¡lo logré!.

Pero, espera, Ana, ¿qué estás haciendo?, en este mundo ya no se puede soñar, ¿qué ganas con eso?, estás perdiendo el tiempo. Los soñadores ya no existen. Debes volver a la realidad, las cosas ya no son así, hace mucho que los poetas murieron.

Recuerda tu vida...
Llorando, siempre llorando... ¿cuándo va a terminar por fin?
Lágrimas,... pequeñas gotas de dolor que discurren por mi cara; de ácido que me queman; agujero en mi alma, la vacía,... ya ni siquiera existe.
Déjame en paz, maldito demonio de la tristeza, quiero sonreir y luchar por la vida, pero tú me lo impides constantemente. Me siento abatida, triste y sola, muy sola.
Rabia, impotencia, ¿cuándo terminará?
Me ahogo en dolor, en soledad continua y horrible.
Correr, escapar,... descansar.

Ya ha salido el sol.
Umm, ya está aquí ese olor, el olor a lluvia.
Mi habitación está ahora inundada por ese indescriptible olor.
Es curioso, pase lo que pase, siempre llueve y sale el sol.
Amamos y odiamos.
Reímos y lloramos.
Andamos y paramos.
Entonces porqué cuando lloramos no podemos lograr pensar que después nos vamos a reír. O si nos cansamos al andar, podríamos pensar que tarde o temprano vamos a llegar a casa, nos sentaremos y descansaremos. O porqué no pensamos que hay mas amores en el mundo; sí, es cierto, mejores o peores pero si lo logramos una vez, porqué no va a haber más.

Mi mente, yo; mi cuerpo, otro; mi personalidad, la que otros creen.
Me he cansado
No entiendo porqué cuando me gusta dar todo por los demás, acaban creyendo que es todo por puro interés.
Odio que la gente no diga gracias o perdón, ¿tanto cuesta?. Si quiero ayudar a una señora que no puede levantarse del banco del parque, sujetar la puerta a un señor que sale detrás de mi de la biblioteca o sonreír a un niño que no conozco de nada porque se divierte jugando con su pelota,... ¿no puedo hacerlo? vale, y si lo hago, ¿por qué entonces se ríen de mi o les parece ridículo?
Pero ¿qué pasa?, ¿tan corrompido está el mundo que no puede hacer nada que no tenga una recompensa?.
Estoy harta.

Espera, espera, Ana, quizá no todo está perdido, quizá no todo haya terminado, porque sino, ¿de donde sale toda esta fuerza?.
Aun puedes luchar. Ser feliz.
Quizá no todos los poetas hayan muerto, puede que tú vuelvas a recordar que existen los soñadores y que nosotros moveremos el mundo.

Ahora, mírate al espejo,... ¿qué ves?


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